Rebecca Siegel

El origen de las crepas

En nuestras ciudades las podemos disfrutar. Hay restaurantes especializados. Se pueden comer dulces y saladas. Es imposible visitar Paris y no comer una en un carrito en la cale rellena de Nutella o en un café especial con hongos y cremas. Son las crepes, o crepas, son especies de tortillas o pancakes muy delgadas hechas a base de trigo que pueden ser acompañadas de sabores dulces o salados. Todos las conocemos y nos encantan, pero, ¿de dónde provienen? ¿cuál es el origen de este delicioso plato europeo?

Según Wikipedia: “Las crepes son originarias de la región de Bretaña, al oeste de Francia, en donde se llaman krampouezh; actualmente es un plato consumido a diario en todo el país, especialmente en el Chandeleur3 o Fiesta de la Candelaria, como parte de la tradición local (habitualmente se sirven acompañados de sidra). En esta región francesa se distinguen dos platos parecidos: las crêpes elaboradas con trigo candeal y generalmente reservadas a los dulces y las galettes elaboradas con trigo sarraceno (o alforfón), en general reservadas a rellenos salados. Este tipo de trigo oscuro fue traído a Europa de China y a su paso por Europa Oriental dio origen a una comida similar, los blinis.

En Europa Central, se llama palačinka (República Checa, Serbia, Croacia), palatschinken (Austria), palachinca (Bulgaria) o palacsinta (Hungría), términos todos derivados del latín placenta. Según los estudios realizados, el origen de este plato se halla en la época del Imperio Romano, y las naciones que surgieron en sus antiguas provincias eventualmente continuaron preparándolo a través de los siglos. En la mayoría de las regiones alemanas es pfannkuchen y en neerlandés pannenkoeken (que proviene de unir las palabras ‘sartén’ y ‘torta’).

Según el Instituto gastronómico ASPIC en su blog cuentan :” Un tipo de crepa bastante conocido es la crepa Suzette, cuya historia nos obliga a voltear a finales del siglo XIX. Se dice que en aquellos ayeres, el príncipe de Gales visitaba con bastante frecuencia Montecarlo, el príncipe acudía a una reunión con personas cuyos nombres no tienen relevancia. Lo importante no fue la plática sobre la mesa, sino aquello que se fraguaba en la cocina. El encargado de la comida para el príncipe, decidió sorprenderlo con unas crepas pero cubiertas de salsa de frutas, la magia se suscitó al momento de calentar la salsa, ya que durante ese proceso, se derramó licor accidentalmente sobre el sartén y todo comenzó a arder.”

Es el momento de viajar a Paris y deleitarse con una crepa al pie de la Torre Eiffel

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